jueves, 31 de mayo de 2018

A mis hermanos - La vela verde y la zamba canuta.


El título puede sonar a antiguo pero es algo que me decía mi mamá: “Sólo con tus hermanos “la vela verde y la zamba canuta”. Todos los que tenemos hermanos sabemos que convivir no es tarea sencilla, sobretodo cuando eres adolescente y tu hermana se pone la ropa que tenías planeada usar el mismo día. Sin embargo, tener hermanos es el mejor regalo que tus padres te pueden dar, porque son tu familia para siempre.

Las interminables. – Ahora que hemos crecido cada uno vive en una casa diferente, incluso por ahora, en países diferentes. Es imposible no recordar esos momentos en los que quería silencio y escuchaba la música a todo volumen de mi hermana, “era su relajo”. El cuarto de mi hermana menor, era el inmaculado, todo ordenado y limpio. Su nana tenía siempre la radio prendida en Radio Ritmo Romántica. Cada día pasó sin darme cuenta, y a veces añoro esos días en los que nos llamaban a todos a tomar desayuno y en pijamas nos encontrábamos en la cocina. Recuerdo las carreras para coger el control remoto. No masticábamos la comida para poder ganar y tener el control remoto. Los días de la mañana para el colegio, eran por decirlo – anecdóticos – tenías que ganar el baño para cambiarte primero y siempre estaba la que se demoraba y bajaba con el desayuno en la mano, para luego deleitarnos con las náuseas matinales.

“La vela verde y la zamba canuta” – Recuerdo siempre esta frase cuando se refiere a los conflictos que uno puede tener con sus hermanos, pero la verdad es que nunca se debe llegar a la falta de respeto. Viene a mi mente una vez que escuché a mi mamá diciéndole a mi hermano, al final de una pelea entre los dos: “Tú debes tratar mejor que nadie a tus hermanas. Eres su hermano, su defensor y su aliado. Jamás debes hacerle daño.” Muchas veces podemos tener diferencias, pero si se pierde el respeto no llegas a nada bueno. Igual con el tiempo se perdonan las heridas, pero quizás nunca se borre de verdad un insulto. Aún ahora siendo todos adultos preferimos no discutir si sabemos que no podremos controlar nuestros caracteres, es mejor el silencio a herirnos; y por último, rechina tus dientes antes de insultar a tu hermano aunque no puedas controlar del todo una discusión.

Hermanos, unidos, jamás serán vencidos. - Mis hermanos son mi roca para lo bueno y para lo malo. Mi mamá decía: Tú y tus hermanos son un puño para siempre. Tus hermanos son los que pueden dejar de hacer cosas impensables por ti. Renunciar a muchas cosas por ayudarte y defenderte de cualquier persona que quiera hacerte daño. Mis hermanos, han dejado de lado actividades por cuidar a mis hijas con amor y ternura. Nunca olvidaré a mi hermano cuando él tenía unos 25 años jugando al té con mi hija sentado en su sillita (mi hermano mide más de 1.85 m., se lo imaginan?). Tus hermanos siempre serán tus incondicionales.

Al final del día, tus hermanos pueden ser de sangre o del alma pero todos entran en la misma clasificación. Tus hermanos son los que están cuando tus papás se van. Son los mejores tíos para tus hijos. Tus mejores amigos para toda la vida.


domingo, 27 de mayo de 2018

Apuesta por tí.


Este último tiempo la fragilidad de la vida ha tocado la puerta de mi casa y entró muchas veces aunque no fue bienvenida. Lo importante de todas las experiencias fue que me invitaron a reflexionar sobre como todo puede cambiar de un minuto a otro, de un pre-resultado a un post-resultado médico. Te dejo algunas cosas que he cambiado en mi rutina para tratar de sacarle el jugo a la efímera vida que me toca vivir.
 

Mi foto.- Este año me pidieron una foto mía en el colegio de mis hijas. Me tomó mucho tiempo encontrar una foto en donde saliera sola, para empezar casi todas eran de mis hijas o de la familia. En realidad, tuve que tomarme una foto a raíz del requerimiento. Ahora, cuando me provoca le pido a mis hijas o a mi esposo, que me tome una foto para recordarme que yo soy una persona, una mujer antes que todos los roles que tengo. Una foto me ayuda a recordar que no debo olvidarme de mí misma. Esta foto fue tomada después de no encontrar una foto de mí sola.


Atrévete.- Siempre he tenido miedo a muchas cosas. Las alturas, montar caballos, los bichos y muchas cosas más. La última vez que me prometí a mí misma intentar las cosas fue en un viaje con amigos, cuando me tuve que quedar en la cafetería comiendo una hamburguesa mientras todos hacían una excursión en una de las 7 maravillas del mundo. Ese día, no sólo me aburrí sino que me di cuenta de lo importante que es atreverse aunque tengas miedo; si lo puedes manejar y tienes una persona que te puede ayudar: HAZLO! Lleva kleenex o agua de azahar por si las moscas.


La Miss Rapunzel .- Dejé crecer mi cabello durante casi dos años, lo cuidé y cambié mi forma de peinarme soportando el calor y aprovechándome en el frío para poder donarlo. Me sentí feliz cuando lo pude dejar y confiar en que lo utilizarían para completar pelucas para personas afectadas por las quimioterapias. Mi corte quedó pequeñito, no pude hacerme mi acostumbrada cola; pero al final sé que regalarlo fue la mejor elección. Ese fue mi caso, quizás el tuyo puede ser diferente. Te recomiendo hacerlo, te deja el corazón llenito y con deseos de volverlo a hacer. Ya voy en mi segundo proceso para volverlo a donar!

Grítalo.- Algo que he aprendido, es a expresar mis ideas. Cuando era niña, me costó mucho decir lo que pensaba porque la barrera de la timidez me ganó muchas veces. El temor a ser rechazada o dejada de lado me frenó de decir las cosas. Ahora, siendo ya adulta digo lo que pienso, con respeto pero en forma directa. Si uno calla sus pensamientos se quedan en silencio en nuestro interior como disco rayado reclamando una salida. Expresar tus ideas es un arte, y decirlas es de valientes; con respeto pero no callar. Te puedes sorprender de las reacciones que puedes causar.

Lo importante al final del camino, es que te sientas feliz con lo que decidas. Si optas por casarte o no, por ser madre o no, por trabajar o vivir en forma libre; lo importante es que escogiendo lo que decidas te permita sentirte plena y saber que aprovechaste tu vida mientras vivías. Una vida en la que fuiste dichosa e hiciste feliz a los demás, no en forma de complacencia infinita; sino que contagiaste tu alegría interior a los que te rodeaban. Una vida aprovechada, en la que tu paso veloz, dejó una huella eterna.