jueves, 20 de septiembre de 2018

Lo tiré todo y recibí mil cosas más.



 El año pasado mi esposo llegó a casa  y me dijo que había la posibilidad de irnos a otro país durante un año. Mi primera reacción fue la negación de la negación, porque eso significaba dejar todo lo que creía era lo más importante para mí; mi familia, mi trabajo – colegio de mis hijas, mis amigos y hasta mi casa que acabábamos de arreglar.



Al inicio, todo era incertidumbre hasta que llegó el día de desarmar casa, hacer maletas y salir de mi querido Perú. El día que renuncié a mi trabajo fue un momento difícil, y nada comparado con la despedida de mis mejores amigas y de mi familia - en especial mi panzón, mis hermanos y mi abuela Meche - que además partió este año.

Llegamos a Colombia, a un país que nunca habíamos pisado. Buscamos casa, colegio, aprendimos la moneda y todo lo que pasa cuando te mudas y empiezas de cero. Al inicio, el caos y luego llegó la calma pero con miedo a haberme equivocado en seguir a mi esposo junto con mis hijas, ahora que lo escribo suena irreal pensar en comparar tu estabilidad con mantener unida a tu familia. Nunca antes había estado tan equivocada. Priorizar estar juntos a pesar de dejar “MIS cosas importante” no pensé que sería una de las mejores decisiones de mi vida. Cuesta soltar, y como no debería costar para una persona como yo que soy “Cero” aventura? Sin embargo, Dios tuvo planes diferentes para mí. 

No puedo decir que todo fue color de rosa. Mi estrés por convertirme en ama de casa nunca me había pegado tanto. Resultó ser más estresante que preparar clases o corregir hasta la madrugada… Claro! Siento que he pagado mi cuota de lavar platos, tender camas y todo lo que es el arreglo de la casa para toda mi vida. Cocinar después de tantos años, y además buscando el queso perfecto para los tallarines verdes (Acá no hay queso fresco) y pelar papas pequeñitas tipo cocktail para hacer puré de papá con la escaza Leche Evaporada que acá casi no se vende.

Sin embargo, no puedo sino estar agradecida desde lo más profundo de mi corazón por este año. En primer lugar, me dio una pausa. Hacía mucho no tenía tiempo de ver mis programas favoritos ya que sólo andaba entre “Peppa”,  “La Gallina Pintadita” (Por cierto, me gustan ambas), “Liv y Maddy” y “Victorius”. Todos los días terminaba tan cansada que cuando por fin podía ver lo que me gustaba me quedaba dormida. Mi salud fue la más abandonada de los últimos años. Hoy por hoy saco citas y me he podido revisar casi todo para saber que todo va bien. He salido a tomar desayunos con amiguis que no lo había hecho nunca por mi horario, y la verdad es súper divertido.

Este año mi mayor regalo fue reconectarme con mi esposo, que aunque nunca estuvimos sin “clicks” la rutina del día a día te envuelve y te olvidas de los detalles. Casi nunca habíamos podido almorzar juntos sin programación previa por nuestros trabajos, hoy podemos “escaparnos” y tener tiempo de a dos mientras caminamos tomados de la mano. Aprendemos el uno de otro, y nos hemos dado cuenta de lo imperfectos que somos; pero que a pesar de todos nuestros defectos individuales Dios nos ha mantenido juntos ya por casi 11 años de matrimonio.

Ser mamá a tiempo completo, fue otro regalo. Debo confesar que me da flojera absoluta preparar loncheras y lavar los tapers… pero también estoy contenta porque puedo estar más pendientes de mis hijas, incluso desde el tema de la lonchera. Las cambio, las despido y las espero al regreso. A veces les damos la sorpresa de recogerlas del colegio y sus caritas son 10000% emoción. Este año me he conocido más en mi rol de ser únicamente mamá, es desafiante y al mismo tiempo un año que recordaré siempre por haber conocido a mis hijas mucho más y retarme a mí misma.

Un regalo espectacular que ha valido mis lavadas de platos, tendidas de camas y levantadas en madrugadas ha sido poder conocer lugares maravillosos, que no sabía que existían. Conocer Colombia al lado de mi familia y por temporadas mis hermanos, ha sido un gran experiencia. Tener la bendición de cruzar el charco y visitar algunos países europeos fue la cereza de la torta para este año.

Nunca pensé que dejando ir lo que consideraba más importante me traería tantas recompensas. Este año que ya pronto acaba ha sido una utopía de descanso y retos. Me siento feliz de saberme más madura y serena para enfrentar los retos que vayan a venir. He reafirmado mi cariño por tantas personas que no son sólo mi papá, mis hermanos y Max, mis tías y primos, mis amigas entrañables, Marga y Matías, mi cuñada Ingrid y las personas maravillosas que he podido conocer este año como Vane Gatty y Silvi; y muchas personas más. En fin, los beneficios de haber dejado ir y embarcarme en un avión por Fe me ha dado la certeza que la mejor decisión será siempre confiar que Dios tiene todo bajo control y que tu familia siempre es lo más importante, y que ningún sacrificio viene sin una recompensa.


sábado, 1 de septiembre de 2018

Quiero ser “Pepita de Oro”.

Muchas veces se escuchan todas las quejas de las personas alrededor, que van en todas las esferas de la vida. En la relación con los padres, con los hermanos, en el trabajo y en todos los lugares que uno frecuenta. ¡Pues sí! Es la realidad, las personas por naturaleza podemos crear problemas en donde no hay necesidad. Todos estamos siempre expuestos a no ser del agrado de todos y viceversa, y es que si no seríamos todos ángeles. En estos pocos años de vida y después de muchas caídas y levantadas, hay algunas lecciones que pude aprender. 


“Sería lindo ser una pepita de oro”.- Este pequeño dicho es muy conocido ya que es difícil que a alguien no le guste el oro por las razones que sea, para usarlo o para venderlo o para otro fin. Sin embargo, las personas estamos imposibilitadas de serlo; ni Jesús pudo agradarle a todos. Está en nosotros mirar a los demás a través del cristal que queramos. Si todos fuéramos agradables para todos, la vida en la Tierra sería el paraíso. Todos felices abrazados en amor, pero la vida es más complicada que eso. Está en ti escoger el cristal de la alegría para encarar las diferentes situaciones. 



"Me dejó de hablar y nunca nos vemos”.- Es curioso como algunas personas se levantan un día, inventan una historia y ¡zas! Les caes mal. ¿Te ha pasado? ¿Me ha pasado?... Si tienes suerte, nunca te ha pasado o quizás nunca te diste cuenta que te pasó; y creo que es lo más saludable. Si te pasó, y no te gustó pues es una lección que enseña a conversar antes que actuar. Si un día te levantas pensando que otra persona no fue amable, pues díselo. Si ya no tiene solución, y la persona es siempre así… saludablemente perdónala y sigue con tu vida, rodeándote de personas maravillosas que seguro debes conocer. 




Los dedos de mi mano para mis amigos”.- 
Es parte de una expresión popular, pero sí tiene un toque de verdad. Los amigos son esas personas que te conocen años y te quieren como eres. Amistades desde el colegio, la Universidad, el trabajo y de la vida. Es tu red de apoyo para lo bueno y lo malo, quienes te pueden escuchar una y otra vez las mismas historias; pues para ellos si eres “una pepita de oro”. Cuídalos, consérvalos y preocúpate por ellos, se tan leal como esperas que ellos lo sean contigo.


En resumen, es poco probable caerle bien a todos; pero ante esto hay dos opciones: te quedas a luchar por caerle bien o te alejas para “tu paz mental”. En todos estos años, han habido personas que me han enseñado a trabajar mi tolerancia y por sobretodo a perdonar. Es más difícil cuando no puedes desligarte, aunque quisieras hacerlo por completo de personas quienes son dañinas, quienes por dentro tienen un problema en el corazón. Experimenté casi todos los sentimientos ante conductas irracionales, y ahora con casi 37 años he comprendido que no a todos les voy a gustar. No puedo tener control sobre lo que otros hacen, pero si puedo controlar mi corazón y mi mente. Alejarme y ser respetuosa, ya que por encima de ellos está mi corazón, mi mente y mi tranquilidad. Vivir pensando en las razones del actuar de las personas, no tiene caso; es mejor vivir feliz y siempre dar lo mejor de sí. Hace unos días en una serie que veía, el personaje principal preguntó que podía hacer ya que no podía perdonar. El predicador le dijo, tienes que perdonar y si te cuesta tanto, ora pidiendo que te ayuden a perdonar y ora por la persona que te hizo daño. Puede sonar irracional o dramático, o quizás idealista pero si no descontaminas tu corazón es el impedimento para tu felicidad, y cierro preguntándote: esa persona que te hizo daño, merece que le permitas ser quien no te deje vivir tranquila? Creo que la respuesta es obvia.