Puede ser que el
título te pueda sonar un tanto agringado… pero es en realidad una abreviación tanto
en español, expatriado, como la palabra expat en inglés; y ambas en resumidas
cuentas es ser una persona que vive en un país diferente al de su origen.
Como saben, el
año pasado mi familia y yo fuimos “expats” en Colombia, y aunque nunca lo había
considerado en el mapa de mi planes futuros, me llegó de sorpresa y lo asumí
como un reto y una aventura.
Muchas veces en
el trabajo que tenía conocí a varios “expats” y nunca pensé realmente en todo
lo que podían experimentar en un país diferente al suyo. Siempre pensé que todo
era manejable, especialmente siendo adulto. Esas eran mis ideas hasta el año
pasado cuando comprendí que ser un expatriado conlleva muchos retos y no todo
es color de rosa; que la melancolía y la tristeza muchas veces tocan la puerta de
tu corazón y que esas personas con las que siempre contabas no están cerca de ti
para un abrazo o una mirada empática. Estar lejos de tu país es duro, aunque
tenga muchos defectos será siempre tu país y a pesar que tu situación puede ser
más cómoda siendo expat; nada se compara con poder estar con los tuyos a tan sólo
una manejada en el tráfico.
Viviendo lejos de
tu país te hace valorar más todo lo que encuentras en forma cotidiana. Recuerdo
que cuando nos reuníamos con peruanos, nuestro idioma “peruano” lo usábamos sin
tener cuidado en pensar que podíamos ofender o ser mal entendidos; hablábamos
de la situación del país, de cómo nos confundíamos con el vocabulario en
Colombia y también de las virtudes y cosas por mejorar de nuestra querida Lima –
es inevitable comparar tu país de origen y el de tu residencia. Las
oportunidades que tuve de entonar el himno nacional de Perú en algunas
ceremonias hicieron que mi corazón se estruje y que hiciera esfuerzos por
contener las lágrimas, ahora entiendo cuando los expats que conocía celebraban
tan contentos y en forma tan apasionada algunas costumbres propias de su país; como
por ejemplo, el día de acción de gracias o la celebración de la Reyna de
Inglaterra. Reunirnos con peruanos a comer nuestra comida o pasarnos los datos
de que restaurante era el más parecido en sazón era una manera divertida de
relacionarte más con peruanos que te trasladaban a tu país y a tus raíces.
El año pasado me
tocó despedirme de mi abuela desde Colombia,
y fue una de las cosas más difíciles que me tocó vivir porque siempre
sentiré que justo no estuve con ella en sus últimos momentos, aunque en vida le
di todo el tiempo que pude. Recibir una llamada telefónica diciéndote que ya
había partido, mientras estás en un supermercado buscando el frijol más
parecido al que comiste siempre es lo más alejado de lo que deseas en un momento
así. ¡Si, apesta y fue muy difícil!.
También aprendes
a refugiarte en tu familia al 100% porque son ellos finalmente los que te
conectan a Tierra siempre, mis hijas y mi esposo eran siempre lo más cercano
que tenía. Aunque claro, tus planes de adultos ya no aparecen muy a menudo
porque teníamos que andar siempre de a 4.
Conocer a otros
expats me ayudó a aprender mucho de cada país al que pertenecían y me
permitieron abrir los ojos a lo que hay más allá; y que aún no he podido
conocer. Si eres un “expat” no sólo frecuentes a los lugareños o tus
compatriotas, conocer personas de otras culturas te abre la mente y el corazón.
No puedo dejar de mencionar lo cálidos que fueron muchos colombianos que conocí,
estoy segura que las amistades formadas serán un lazo eterno y agradable.
Aprendí la importancia de ser empático y amable con un extranjero que está “más
perdido que huevo en ceviche”; porque la verdad me ayudaban a ubicarme en la
ciudad teniéndome mucha paciencia, incluso cuando preguntaba en donde podía
conseguir zapatillas de ballet. Me enseñaron como debo comportarme con los expatriados
y lo comprensiva que debo ser con sus costumbres.
Hace unos días conocí
en la Villa donde vivo a una familia, que como nosotros este año son
expatriados. Les ofrecí toda la ayuda posible y los ayudé en ese momento con lo
que necesitaban. Pasear por las veredas y encontrar a un lugareño que te brinde
una sonrisa es un gran regalo para un expatriado. Ahora me siento bendecida de
poder devolver la amabilidad con la que
me recibió el maravilloso país de Colombia.






