viernes, 1 de febrero de 2019

Ser “Expat”




Puede ser que el título te pueda sonar un tanto agringado… pero es en realidad una abreviación tanto en español, expatriado, como la palabra expat en inglés; y ambas en resumidas cuentas es ser una persona que vive en un país diferente al de su origen.

Como saben, el año pasado mi familia y yo fuimos “expats” en Colombia, y aunque nunca lo había considerado en el mapa de mi planes futuros, me llegó de sorpresa y lo asumí como un reto y una aventura. 

Muchas veces en el trabajo que tenía conocí a varios “expats” y nunca pensé realmente en todo lo que podían experimentar en un país diferente al suyo. Siempre pensé que todo era manejable, especialmente siendo adulto. Esas eran mis ideas hasta el año pasado cuando comprendí que ser un expatriado conlleva muchos retos y no todo es color de rosa; que la melancolía y la tristeza muchas veces tocan la puerta de tu corazón y que esas personas con las que siempre contabas no están cerca de ti para un abrazo o una mirada empática. Estar lejos de tu país es duro, aunque tenga muchos defectos será siempre tu país y a pesar que tu situación puede ser más cómoda siendo expat; nada se compara con poder estar con los tuyos a tan sólo una manejada en el tráfico.

Viviendo lejos de tu país te hace valorar más todo lo que encuentras en forma cotidiana. Recuerdo que cuando nos reuníamos con peruanos, nuestro idioma “peruano” lo usábamos sin tener cuidado en pensar que podíamos ofender o ser mal entendidos; hablábamos de la situación del país, de cómo nos confundíamos con el vocabulario en Colombia y también de las virtudes y cosas por mejorar de nuestra querida Lima – es inevitable comparar tu país de origen y el de tu residencia. Las oportunidades que tuve de entonar el himno nacional de Perú en algunas ceremonias hicieron que mi corazón se estruje y que hiciera esfuerzos por contener las lágrimas, ahora entiendo cuando los expats que conocía celebraban tan contentos y en forma tan apasionada algunas costumbres propias de su país; como por ejemplo, el día de acción de gracias o la celebración de la Reyna de Inglaterra. Reunirnos con peruanos a comer nuestra comida o pasarnos los datos de que restaurante era el más parecido en sazón era una manera divertida de relacionarte más con peruanos que te trasladaban a tu país y a tus raíces.


Estar entre compatriotas te hace sentir diferente y un poco más feliz cuando estás en otro país; sientes que aunque son personas que recién conoces estarán unidos para siempre porque ellos comprenden los sentimientos por los que atraviesas sin que se los tengas que decir. Entienden lo difícil que fue conseguir un ingrediente de comida o contar con una persona que pueda cuidar a tus hijos para que tengas una salida de adultos.

El año pasado me tocó despedirme de mi abuela desde Colombia,  y fue una de las cosas más difíciles que me tocó vivir porque siempre sentiré que justo no estuve con ella en sus últimos momentos, aunque en vida le di todo el tiempo que pude. Recibir una llamada telefónica diciéndote que ya había partido, mientras estás en un supermercado buscando el frijol más parecido al que comiste siempre es lo más alejado de lo que deseas en un momento así. ¡Si, apesta y fue muy difícil!.

También aprendes a refugiarte en tu familia al 100% porque son ellos finalmente los que te conectan a Tierra siempre, mis hijas y mi esposo eran siempre lo más cercano que tenía. Aunque claro, tus planes de adultos ya no aparecen muy a menudo porque teníamos que andar siempre de a 4.

Conocer a otros expats me ayudó a aprender mucho de cada país al que pertenecían y me permitieron abrir los ojos a lo que hay más allá; y que aún no he podido conocer. Si eres un “expat” no sólo frecuentes a los lugareños o tus compatriotas, conocer personas de otras culturas te abre la mente y el corazón. No puedo dejar de mencionar lo cálidos que fueron muchos colombianos que conocí, estoy segura que las amistades formadas serán un lazo eterno y agradable. Aprendí la importancia de ser empático y amable con un extranjero que está “más perdido que huevo en ceviche”; porque la verdad me ayudaban a ubicarme en la ciudad teniéndome mucha paciencia, incluso cuando preguntaba en donde podía conseguir zapatillas de ballet. Me enseñaron como debo comportarme con los expatriados y lo comprensiva que debo ser con sus costumbres.

Hace unos días conocí en la Villa donde vivo a una familia, que como nosotros este año son expatriados. Les ofrecí toda la ayuda posible y los ayudé en ese momento con lo que necesitaban. Pasear por las veredas y encontrar a un lugareño que te brinde una sonrisa es un gran regalo para un expatriado. Ahora me siento bendecida de poder  devolver la amabilidad con la que me recibió el maravilloso país de Colombia.